Esta vez se aseguraría de que le concedieran el crédito por sus ideas.
Liath
Hugo era el amor de su vida.
Al menos eso creyó hasta Juan apareció y le enseñó a ver la vida desde otra perspectiva.
Liath
Las nenas se pusieron a jugar con las cosas de taller y Jaime pensó cuál de ellas sería la sucesora de su arte.
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En la noche, la ciudad lucía aún más hermosa.
Tanto que la decisión sobre abandonarla se volvía muy difícil.
Lo único que podía mejorar estar allí, era el ser que me había descubierto aquel lugar y me había "obligado" a acompañarle.
Liath
No pude evitar emocionarme al ver a Raúl, que con su corta edad era como un pececito más en las aguas que tanto amó su padre.
Liath
Simón, como le había bautizado la humana, observó con su habitual curiosidad.
¿Qué iba a hacer la humana con aquel extraño objeto, y por qué le miraba así?
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