Llevada por la euforia de haberle visto, se lanzó cuesta abajo, sintiendo el viento en la cara y la, falsa, sensación de ser invencible.
Liath
Escribo un microcuento cada día, inspirándome en una foto al azar.
Llevada por la euforia de haberle visto, se lanzó cuesta abajo, sintiendo el viento en la cara y la, falsa, sensación de ser invencible.
Liath
Recitaron el conjuro y esperaron.
Cuando la Luna Llena iluminó el claro, pudieron ver al majestuoso Fauno danzando.
Liath
En aquella imagen aguardaba sonriente una mujer, antepasada suya.
Pero ya no quedaba nadie que la recordara y pudiera devolverle el nombre.
Liath
Salió al balcón y se estiró cuanto pudo.
El día venía cargado de promesas y tenía que aprovecharlo.
Liath
Mientras fregaba los platos comenzó La Canción.
Esa que él le cantaba al oído y que aún la hacía sonreír.
Liath
El regalo más hermoso no era el collar (que era maravilloso).
Lo era, aún más, su cara -iluminada como la de un niño en Navidad- aguardando su reacción.
Liath
Siguiendo los consejos de Montse, elaboró una lista de cosas que quería hacer.
Satisfecho, dejó la lista sobre la mesa y se volvió al sofá.
Liath
Habitualmente, en sus sueños todo era luz y color, y reinaba la alegría.
Pero no podía evitar que ellos se colara una inquietante sombra que parecía vigilarla y la despertaba con un escalofrío.