Ahora era él el que estaba atrapado y no podía hacerle más daño.
Era su oportunidad para escapar.
Pero... ¿y si estaba herido?
Liath
Ahora era él el que estaba atrapado y no podía hacerle más daño.
Era su oportunidad para escapar.
Pero... ¿y si estaba herido?
Liath
Llevada por la euforia de haberle visto, se lanzó cuesta abajo, sintiendo el viento en la cara y la, falsa, sensación de ser invencible.
Liath
Recitaron el conjuro y esperaron.
Cuando la Luna Llena iluminó el claro, pudieron ver al majestuoso Fauno danzando.
Liath
En aquella imagen aguardaba sonriente una mujer, antepasada suya.
Pero ya no quedaba nadie que la recordara y pudiera devolverle el nombre.
Liath
Salió al balcón y se estiró cuanto pudo.
El día venía cargado de promesas y tenía que aprovecharlo.
Liath
Mientras fregaba los platos comenzó La Canción.
Esa que él le cantaba al oído y que aún la hacía sonreír.
Liath
El regalo más hermoso no era el collar (que era maravilloso).
Lo era, aún más, su cara -iluminada como la de un niño en Navidad- aguardando su reacción.
Liath
Siguiendo los consejos de Montse, elaboró una lista de cosas que quería hacer.
Satisfecho, dejó la lista sobre la mesa y se volvió al sofá.
Liath
Habitualmente, en sus sueños todo era luz y color, y reinaba la alegría.
Pero no podía evitar que ellos se colara una inquietante sombra que parecía vigilarla y la despertaba con un escalofrío.
Liath
¿Quién habría imaginado que aquellos juegos infantiles se tornaran en sincero interés y terminaran haciendo de Roberto el magnífico investigador que era?
Inés.
El único ser de la Tierra capaz de arrancarle de las garras de la depresión.
Mirarla le daba fuerzas para salir y su sonrisa... le daba las alas que necesitaba para volar hacia la vida.
Liath
Liath
La casa olía diferente, a algo cálido y familiar que hizo vibrar su corazón.
Entonces los vio.
Los melocotones prometidos y con ellos, el abrazo soñado.
Liath
Nadie sabía cómo lo hacía, al parecer ni el propio Nino, pero todo lo que tocaba se convertía en oro.
Liath
Cuando bailaban no saltaban chispas...
Ardían. Y el escenario con ellos.
Tal era la pasión que ponían en la danza.
Era feliz en su pequeño mundo tecnólogico, hecho a su medida, y no era consciente del peligro que le acechaba.
Liath
Eligió con mimo los objetos más preciados de su abuela y elaboró con ellos un altar en su honor.
Liath
En vano preguntó al vacío.
Todo había cambiado desde el día que la conoció.
Ahora... ¿se decidía a mantenerla a su lado o la dejaba ir?
Liath
Rocky, con su mirada de ángel, hizo más por ella que todas las terapias que le recomendaron y que siguió paso por paso.
Liath
No sabía dónde iba ni de que huía exactamente.
Pero aferró con fuerza los remos y se alejó de tierra sin mirar atrás.
Liath
Un nueva atardecer llenaba el horizonte, pero hoy el calor que solía acompañarlo, parecía haberse ido con Carlos.
El día no podía haber ido peor.
Todo lo que podía salir mal, salió mal.
Volvió a casa derrotada, cansada y con ganas de meterse en la cama y hacerse un ovillo hasta la mañana siguiente.
Pero abrió la puerta y la vio...
Liath