Volvía a casa al fin.
En el viejo campanario volaron las campanas, como dándole la bienvenida.
¿Sería así también en el caso de su familia?
Volvía a casa al fin.
En el viejo campanario volaron las campanas, como dándole la bienvenida.
¿Sería así también en el caso de su familia?
Aquel extraño mapa les mostraba las islas de fuego que plagaban nuestro planeta.
¡Qué extraño era aquel gato!
Todo el mundo presumía de la belleza de sus gatos y sus monerías, pero el suyo... era raro de cojones.
Tras la larga noche de espera, corrió al embarcadero.
La canoa estaba allí, en perfecto estado, pero... ¿y él?
Liath
Inés corrió calle abajo, sin prestar atención a las voces a su espalda ni a las luces y sirenas que alborotaban el barrio.
Necesitaba llegar.
Necesitaba saber...
Liath
Pensaba quedarse tirado en el sofá todo el fin de semana.
Pero de ella le miró de aquella forma... y supo que tenía la partida ganada.
Liath
Hasta aquel día...
Liath
Parecían la típica familia.
Perfecta en todas sus apariciones.
Esa que es feliz en todas las fotos.
Pero si mirabas bien, escondían tantas cosas...
Liath
Aquella receta no sólo refrescó a su familia aquel verano.
Hizo que, cada vez que se aplicaba a ella, la notara a su lado, dándoles indicaciones para que no errara cantidades.
Un pequeño trozo de paraíso en medio de ninguna parte, donde él no podría encontrarme.
Liath
No sabía qué más hacer...
El dolor le oprimía el pecho y le impedía respirar.
Al fin, se sentó en el viejo escritorio de su padre y volcó lo que sentía en las páginas que le aguardaban.
¿Qué cosa mágica era aquella que había atrapado una parte de sí, para que ella y cualquiera pudiera verlo una y otra vez, y que ni siquiera la había herido?
Liath
Su interés resultaba halagador, lo reconocía. Pero...
¿No podía ser su amigo el que se acercara?
Liath
Desnuda.
Libre de ataduras, ropa y joyas, salió al jardín.
Encontró el lugar que iluminaba la Luna y bailó.
Colgó el teléfono enfadada, pero también secretamente orgullosa de, esta vez, no haberse callado lo que pensaba.
En ocasiones, la vida te pone tan a prueba que debes abrazar lo que más odias y trabajar con ello.
¿Cómo un cuerpo tan pequeño podía albergar tanta sabiduría?
No había día en que Roberto sorprendiera a su madre con sus ocurrencias.
Aquel pueblo, y sus gentes, no dejaba de sorprenderla.
Al atardecer, apareció Rodrigo en su caballo, ambos con la melena al viento, como un antiguo dios venido de más allá del Tiempo.
Estaba fascinada.
Cuanto más leía y descubría de aquella civilización, más caía en su embrujo.
Su pensamiento, sus leyendas, su manera de organizarse.
El papel que las mujeres jugaban en ella...
Se refugió en los libros.
Estos eran su último ancla. El lugar donde podía esconderse de la realidad y, al tiempo, el modo de viajar a mil mundos y tiempos diferentes.
Ya casi no podía mantenerse en pie.
Tenía que acabar con aquella situación que la estaba llevando al límite de sus fuerzas.
Ningún trabajo merecía tanto la pena.
A pesar de todo lo que cargaba a sus espaldas, el entorno, el calor estival y la compañía, la relajaron al punto de poder dormitar en el campo.
Era un bebé... diferente.
Jamás se atrevería a decir que era feo, pero era tan extraño...
Fue al acercarse cuando entendió. El bebé era uno de esos reborn que le ponían la carne de gallina.
Liath
"Debes encontrar un marido."
"Alguien que te haga compañía, para que no te quedes sola."
¿Qué tenía de malo estar sola?
Y, sobre todo, ¿quién les había pedido su opinión?
Desde que llegó Roberto, la hasta entonces, casa de anuncio era un caos.
Pero ¿acaso había sido nunca tan felices como desde que adoptaron al pequeño?
El anciano mostró con orgullo el producto del trabajo de Laura.
Tal vez no fuera tan rápida como sus compañeros, los que tanto se burlaban, pero el resultado era impecable.
Apenas podía creerlo.
Era difícil de asumir, incluso mirando las viejas fotografías.
Su abuelo había sido un reputado mago (con una respetable reputación), y su abuela, su fiel compañera en las actuaciones y en la vida.
Liath
Concentrando todo su dolor, y su amor, salió a la fría noche de noviembre y realizó el conjuro invocando su protección.
Liath
Nada de lo que cocinaba parecía gustarle a la señora.
Demasiado salado... o soso.
Demasiado ácido. Demasiado picante. Demasiado...
Hasta que un día, Laura encontró aquel ingrediente tan perfecto...