De vez en cuando, la cortina se movía.
A mí me hacía ilusión pensar que eras tú, jugando a esconderte para burlarte de mí...
De vez en cuando, la cortina se movía.
A mí me hacía ilusión pensar que eras tú, jugando a esconderte para burlarte de mí...
50 años peleando por hacerse un hueco en la empresa.
Tratando de cambiar las cosas para que trabajaran mejor y más seguros.
Y ahora estaba... inactivo...
Atacaron sin piedad...
Arrasaron con todo indicio de vida, cualquier rincón que pudiera albergarla.
De la vieja ciudad tan sólo quedaron cenizas.
Liath
Le hizo gracia encontrar un naipe en la calle y, sin razón alguna, lo cogió y lo guardó en su billetera donde, años después lo encontró su curiosa nieta.
Creía estar preparado, pero su primera experiencia bajo el agua no fue exactamente como esperaba.
Liath
Escribiendo junto a la ventana, desde la que veía la ciudad dormir a sus pies, Clara drenó su alma con palabras que dolían como bofetadas.
Allí estaba.
Había salido de casa, se había subido al autobús y había cogido sitio en la terraza acordada.
¿Vendría él? No lo sabía, pero sentía que ya no importaba demasiado.
Había visto a sus hermanas utilizar los elementos más extraños para llegar a las reuniones, pero lo de Zora las superaba a todas.
Tras toda una vida soñando con aquella sirena, ahora la tenía ante sí, por duplicado, grabada en aquellas puertas.
¿Qué habría tras ellas? ¿Qué le aportaría?