Rocky, con su mirada de ángel, hizo más por ella que todas las terapias que le recomendaron y que siguió paso por paso.
Liath
Rocky, con su mirada de ángel, hizo más por ella que todas las terapias que le recomendaron y que siguió paso por paso.
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No sabía dónde iba ni de que huía exactamente.
Pero aferró con fuerza los remos y se alejó de tierra sin mirar atrás.
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Un nueva atardecer llenaba el horizonte, pero hoy el calor que solía acompañarlo, parecía haberse ido con Carlos.
El día no podía haber ido peor.
Todo lo que podía salir mal, salió mal.
Volvió a casa derrotada, cansada y con ganas de meterse en la cama y hacerse un ovillo hasta la mañana siguiente.
Pero abrió la puerta y la vio...
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Se plantó en la puerta del salón, aparentemente ajena al hecho de su reciente fallecimiento, y contempló la reunión familiar, un tanto extrañada por la presencia de Ramiro, que hacía tiempo no se trataba con la familia.
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El animal observaba a los dos hombres que discutían.
¿Por qué aquella extraña especie no podía permanecer en silencio y disfrutar del lugar en el que estaban?
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Calibró los instrumentos y se aseguró de que todo estuviera preparado para la ceremonia de bienvenida a la nueva bruja.
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Ahí estaba el camino.
Ansiaba llegar a la cima, pero temía recorrer el camino...
Allí fue donde Marcos perdió pie y les dejó para siempre.
A la luz de la luna, solo unos pocos afortunados -aquellos de mente clara y ojos inocentes-, pudieron ver como las hadas jugaban entre las flores.
Allí estaba, mendigando un poco de caso a su atareado asistente.
Todo el éxito y el dinero conseguidos le habían proporcionado, únicamente, una inmensa mesa vacía de gente y de cariño.
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El viaje fue largo, intenso, extraño...
Pero el reencuentro con Pedro hizo que todo fuera como un mal sueño.
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Su intención era cazar el mejor y más grande ejemplar.
Pero cuando vio al imponente macho en el claro, mirándole fijamente, fue incapaz de disparar.
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Hasta el propio rey acudió, entre furioso y curioso, a conocer al hombre que peleaba por su única familia: los animales que él pretendía exterminar.
Sonrió satisfecha.
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Tras un tiempo sin verse, creía que ella había olvidado aquellos sentimientos que comenzaran a florecer entre ellos.
Pero vio el colgante con su inicial y sonrió.
Era entendible que lo denominaran "rey".
El animal tenía un porte majestuoso y místico, más como una especie de dios que algo de este mundo.
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Allí estaba el dichoso bicho, zampándose su dulce.
Cerca, pero no mucho. Hasta parecía mirarle de reojo, burlón, invitándole a recuperar el delicioso bocado.
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Con la meditación aprendió, sobre todo, a alejar lo que la dañaba y hacía que antes se encontrara tan mal.
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En su afán por olvidar, iba directo al abismo.
Por fortuna para él, tenía a alguien que velaba por él y jamás le dejó caer.
Con suma delicadeza, como si se tratara de un familiar muy querido y especialmente sensible, Mara limpió la planta y la preparó para resistir la nueva estación.
Lugares, olores, rostros, fiestas... todo desfilaba por su mente haciéndole sonreír como el niño que fue.
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Hoy no os traigo cuento.
Os dejo el enlace a este vídeo maravilloso de @entelekiafilosofik
https://www.instagram.com/p/DVnlEjmiKw8/
Era su noche de bodas.
Cuando los invitados se fueron a dormir, por fin, fueron al bosque a brindar con la Luna por su matrimonio.
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El pececito lo miraba desde su reducido mundo de cristal y, de pronto, se sintió culpable de tenerlo allí y quiso liberarlo.
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Fue un sueño extraño, lúcido como pocos y muy hermoso.
Lo mejor fue que, al despertar, hojas de un árbol, su árbol, descansaban sobre la cama.
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A cambio del cuento, Jaime dio una moneda a su padre.
Éste se aseguró, como cada noche, de que el pequeño dormía, para introducir la moneda en la hucha.
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El pato seguía su rutina y nadaba plácidamente, ajeno a la ausencia de Miguel y sin que le importara lo más mínimo.
¿Por qué habría de hacerlo? Para él sería tan sólo un humano más...
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Allí seguía el inmenso árbol, más majestuoso, le parecía, que antaño.
Y de una de sus ramas, la cinta de Laura.
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El árbol, que el pasado año parecía casi muerto, estaba ahora más vivo que nunca y cargado de fruta.
Como si la esperara, el cuervo permaneció en el jardín hasta que Laura exhaló su último suspiro.
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En el fuego de aquella noche mágica, tiró la lista con sus deseos.
De cualquier modo no se cumplirían, ya no.
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Alfonso volvió a tocar el piano, casi sin pensarlo.
Los que oyeron la melodía, juraban haber llorado como nunca ante el sentimiento que transmitía.
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En su cabeza había creado el mundo perfecto en el que ser feliz, sin que nada pudiera dañarla de nuevo.
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Hasta que él llegó y le enseño otra forma de ver la vida, todo su camino estaba plagado de gritos e insultos que la hicieron sentir pequeña y vulnerable.
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Cansada de esperar que su "hilo rojo" le llevara a su "alma gemela", creó su propio recorrido con un hilo nuevo.
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Ante su puerta, un hombre que decía ser policía.
Su apariencia, junto a la de los hombres que esperaban junto al coche, no era nada tranquilizadora.
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Perfecta en su papel de bruja, Joana preparaba sus famosos cócteles haciéndolos pasar por filtros de amor,
Lucía leía en voz alta, tan concentrada en la historia que no podía ver a Salomón, totalmente erizado, mirando la extraña sombra que parecía estar pendiente de la voz de la lectora.
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Entre asustada y divertida, Susana comprobó como el ratoncito intentaba hacerse dueño de su despensa.
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La vieja peonza del abuelo apareció en una de las cajas de la mudanza.
Ni siquiera recordaba haberla cogido, pero sonriendo nostálgico la cogió y salió a intentar a su hijo a usarla.
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El ave sobrevoló el jardín y, al pasar, se llevó en las garras el último adorno que había elaborado Julia.
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