Fue en aquel preciso instante en que descubrió que era con él con quien quería estar y que no necesitaba nada más.
Liath
Fue en aquel preciso instante en que descubrió que era con él con quien quería estar y que no necesitaba nada más.
Liath
Despertó de su extraño sueño con las uvas del huerto, que ni le gustaban, y sintió la necesidad de volver al huerto a comprobar si seguían allí.
Liath
¿Podía haber algo más inocente que aquella mirada?
Se iba a quedar en casa, eso estaba fuera de toda discusión, aunque... ¿cómo se lo tomaría su pareja?
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Dos cosas:
NO regaléis perros si no son deseados.
NO compréis. ADOPTAD.
En el momento en que el aroma de la botellita penetró en sus fosas nasales, supo la razón por la que Tania le había advertido que no la tocara jamás.
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Se le ocurrió que, rompiendo la campana que oían desde casa, y cuyo sonido ella amaba, acallaría la voz de Susana que lo atormentaba.
Fígaro parecía muy salvaje, pero lo cierto es que no se atrevía con el nuevo habitante de la casa.
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Mientras la gente andaba como pollo sin cabeza, organizando quedadas y cenas de postín, Elisa se relajaba en su salón tomando chocolate y viendo películas.
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Hasta la buena señora del retrato del salón parecía juzgar el comportamiento de sus descendientes.
La única manera de curarse, era mantenerse separados. ¿Lo conseguirían?
Era la primera vez en años que tal dilema se les planteaba, pero estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de sanar y no volver a separarse jamás.
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Tras tantos años arrebatando pequeñas e inocentes vidas, el "accidente" provocado por su propia arma le abrió los ojos y dejó de cazar.
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Nora no podía sino asombrarse de la portentosa imaginación de su hija, al escucharla relatar cómo había encontrado a su nuevo mejor amigo.
Liath
Desesperado, necesitado de un hilo de esperanza sobre lo que se avecinaba, acudió al adivino en busca de buenos augurios.
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Amancio observaba a sus vecinos, siempre pendiente de sus necesidades y dispuesto a echar una mano.
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Debería ser la etapa más feliz de su vida.
Pero cuanto más crecía su vientre, más se convertía ella en una pálida sombra de mirada perdida en el infinito.
Liath
Elaboró los elementos necesarios para el ritual, tal como le había indicado su amiga.
Puso también toda su fe, esperando que todo saliera bien.
Liath
Le encogió el corazón la estampa de aquella niña pidiendo limosna.
Luego recordó que tenía cosas que comprar aún y se marchó sin mirar atrás.
Liath
La llegada del animal al jardín, no hizo sino mejorar el magnífico fin de semana que habían tenido.
Decidido a solucionar el problema, acudió al templo en busca de respuestas.
Sin embargo, cuando llegó a su destino, ya había encontrado la solución por sí mismo.
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Trataron de convencerle con toda clase de razonamientos y teorías científicas.
Pero vio lo que vio: una inocente hada jugando con las olas mientras la gran Madre de las Hadas, asomaba su rostro a los últimos rayos de sol.
Liath
Caminaba sin rumbo fijo, ensimismada con algo que sólo ella parecía ver.
"Ha perdido la razón", decían.
Eso creían ellos.
Pero no.
Liath
Mientras discutían quien cocinaba mejor, los platos se fueron sucediendo y ellos se quedaron sin probar bocado.
Liath
Pensaba talar el árbol, ahora que su madre ya no estaba.
Pero cuando volvieron del funeral, las ramas apenas podían con la enorme cantidad de manzanas.
Liath
No sabía que dolía más...
Ver cómo su amigo había perdido todo, incluso la razón; o saber que podría haberlo evitado si le hubiera escuchado antes.
Liath
¡Cuántos secretos familiares guardaba aquel viejo árbol!
¿Cómo podían sus hermanos pensar en vender el terreno y consentir que fuera talado?
Liath
Tras lo ocurrido, incluso la conocida y, antaño, tranquilizadora presencia de los molinos le erizaba la piel.
Liath
Centrada como nunca en su vida, se sitúo en el centro del círculo mágico e invocó a sus ancestros, que acudieron prestos a su llamada.
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